La misma cruz.


Nací en 24 de Octubre de un año que será recordado en España por el intento de un golpe de Estado y por un invierno frío y blanco. La ciudad en la que asomé la cabeza carece ya de nombre en mi mente, porque perdí todo arraigo a la tierra (no a la gente) cuando descubrí que mi patria era el norte y no donde me tocó nacer. Dicen de mi que fui una niña feliz y sonriente, que soñaba con escribir y escribia que soñaba... Ahora vuelvo trocitos de mi, pequeños relatos y versos dispersos. Quiero llenar tus rincones con ellos, si me dejan y si no... los mismo clavos son puntos suspensivos, pequeños suspiros lanzados al aire que quizás nunca nadie llegue a ver... soy apenas un pensamiento un camino extraño que apenas sabe donde va. inquieta, curiosa, tierna y dura... los mismos clavos soy yo.



Otros Clavos:
Clavos de siempre
Todo es de color
Cimodare-Visceralia
Hero
Clavos con pañoletas
Gata Siamesa Constante
Delfin Mular
Reyezuelo
Tukan
Ballena de Música
Kintaski
Coloreando el tiempo
La senda del Guerrero
Aguila en Libertad
Clavos de todos lados
Las Cronicas Perdidas
El Mundo de Danae
The desert of the real
Little Rose
Yerlyn
Arte y más arte
Dimelo en la calle
Piedras y Gemas
Albert
Lugar soñado
ScrapeadoraBiodanzante
Mirando al cielo





Niebla

Esta mañana me he levantado echando de menos. Pensando en la niebla que en esta ciudad, extraña, ajena y lejana en tantos sentidos, nunca llega a besar las calles. Echo en falta despertar en las noches de Julio y, al mirar por la ventana, descubrir el leve halo de la bombilla solitaria que hay en el prado frente a la ventana de la tenada. Porque aquí no hay niebla.

No existe esa sensación de mañana fresca, de humedad clara, de nubes a dos palmos del suelo. No se puede caminar através de lo que debía estar en el cielo y oler la tierra húmeda, la hierba mojada sin que haya llovido. Nadie se llama Pelayo aquí...

Aquí nadie hace empanadas, no veo las vacas si miro a la derecha de mi casa, no hay paraisos al otro lado de la ventana. En esta ciudad nadie sabe de caleyas de laureles, ni de ablanos, no hay orbayo sorprendente, ni santinas a las que ver sin saber muy bien porque despiertan ese sentimiento extraño.

Echo en falta ir al Naranco, mayar sidra sin descanso, oler el llagar de antaño, dar a  la parpayuela en la huerta, sentarme frente al mar. Las calles de Colunga, el mar de Lastres glayandu. Me faltan Sueves que observar, noches de camas con mantas, macanerus montes, vagamar....

Pero si me concentro aún siento como me llama mi tierra, no la que me vió nacer, sino esa otra mía, la que corre por mis venas hechas de norte y niebla, hecha de mares grises y azules, de montes verdes, de cruzar desde León y respirar tan, tan hondo como si fuera la primera o la última vez que lo haces. ¿Podría la niebla recorrer el país y venir a verme y traerme los olores y las sensaciones que echo en falta?

Puedo cerrar los ojos, y ver Asturias, como si estuviera allí, recorrer la galeria, la tenada, la huerta, tocar la figar, oler la tierra, sentir el mar, saborear un carbayon, bajar al río que corre a su ritmo en Ovaya, y sencillamente, estar allí, al otro lado de la niebla que nos separa.

Cerrar los güeyus, nun sentir nada... solo la niebla... Solo la niebla.

 

Encainada, me faltes.


Autor: mara     Publicado el 23-07-2010 Ver Comentarios( 3 )



Kesaruru

No sé que te ha pasado, ni porqué de golpe nos llegó un abismo que nos separaba. Ni si quiera fui consciente de que poco a poco la brecha se abría para separarnos más y más. Siempre fuiste tú quien todo lo comprendía, y yo quién intentaba comprender.

No sé porqué un día, buscando tus manos no encontré nada; o buscando tus palabras ya sólo escuché el atronador sonido del silencio. Impasible, golpeando cada fibra de mi ser, el abismo se abría más y más.

No sé a dónde se marcharon las tardes de sabor a café y azúcar moreno, ni dónde se esconden las manos que siempre me acunaban cuando se quebraba la voz; no sé dónde quedaron las palabras que decían que había que seguir, pese a todo, porque al fín y al cabo, no hay más camino que el que se anda. En algún lado estarán los paseos por Madrid, las noches en vela, las palabras que nadie más puede oír...  los ratos de silencio, las puestas de sol, amaneceres y estrellas, magia y sencillez.

En alguna cajita estarán tus recuerdos, amontonados, esperando para ser removidos de nuevo. En algún rincón habrá regalos y sonrisas de las de antes, que yo siempre guardaba para cuando no quedaran más, porque al final, siempre llega el final.

Las calles se tornan pasillos aislados, caminos de nadie, de este mundo raro y extraño sin tí. Silencios rotos sin tu risa de cristal, han esparcido sus pedazos por las frías tardes que dejas a un lado.

Los días se escurren, despacio a veces, a veces deprisa, sin tener a quién contarle esas cosas que yo sólo te contaba a tí.

La guitarra, se apoya en un rincón, serena, callada, porque al escribir versos no me dices: Ponles música. Y, torpemente, acababa siempre poniendo música a esas frases suicidadas al borde un papel manchado de café y calles, de gargantas quebradas, de salidas al campo, de viajes y más viajes.

Y tantos silencios, tanta distancia, tanto ir y venir en la vida, nos han llevado a caminos tan irreconciliables, que a veces, cambiaría miles de cosas por volver a aquellos momentos en que ante una taza de café aguado, por la mañana, mientras el sol se colaba por las ventanas de una casa jerezana, madrileña o benamahometana, con el pelo enrredado aún en el sueño, y la voz ronca de cantar, nos mirabamos sonriendo y la vida se detenía para cobrar sentido una vez más.

No sé porqué un día te marchaste, y yo me quedé esperando a que decidieras volver. Que mi casa siempre fue tuya. Que si no te lo digo, ya lo sabes. Que...

¿Dónde estás?

 


Autor: mara     Publicado el 19-07-2010 Ver Comentarios( 0 )


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